La obesidad infantil no es solo una cuestión de hábitos. Es un problema complejo y multifactorial que requiere sensibilidad, conocimiento y, sobre todo, responsabilidad social.
El caso de Oier, un niño con obesidad precoz de origen genético, lo demuestra: ha sufrido no solo por su cuerpo, sino por la culpabilización constante de su entorno. Como él, muchos niños y niñas viven este doble estigma cada día.
Según un estudio de la UPV/EHU, el 47% de la población cree que la obesidad es responsabilidad individual. Pero la evidencia científica dice lo contrario: la obesidad está influida por factores genéticos, biológicos, emocionales, sociales y medioambientales. No es una simple cuestión de «falta de voluntad».
¿Y si en lugar de juzgar, acompañamos?
En 2023, centros deportivos como Galisport fueron señalados por campañas que les acusaban de gordofobia, como la de la Feria de Abril. Aunque su objetivo era motivar a los usuarios, el mensaje transmitido fue percibido como que reforzaba estigmas peligrosos. ¿Qué imagen estamos proyectando desde el deporte? ¿Qué queremos comunicar?
En un entorno donde las redes sociales dictan cánones de belleza irreales y excluyentes, el deporte debe ser parte de la solución, no del problema.
En nuestras formaciones intentamos concienciar para que la actividad física sea un espacio de inclusión, salud y respeto. No todos los cuerpos se mueven igual, pero todos merecen moverse sin miedo al juicio.
Hablemos de salud sin violencia estética.
Hablemos de movimiento sin estigmas.
💬 Hablemos con empatía, no con prejuicios.
