En el marco de la Convención de HFA en San Diego, el seminario presentado por Technogym puso sobre la mesa una de las transformaciones más relevantes para el sector: la irrupción de los tratamientos con GLP-1 y su impacto directo en el modelo de negocio de los operadores fitness.

La sesión, liderada por Dr. Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva en la Cleveland Clinic, no se centró únicamente en el contexto clínico, sino en una pregunta estratégica clave para el sector: ¿cómo puede el fitness posicionarse como un elemento imprescindible en la salud de estos pacientes?

Desde Management around Sport, la lectura es clara: esta ponencia no trata solo de entrenamiento, sino de reposicionar el fitness como parte activa del sistema de salud.

 

El punto de partida: pérdida de peso… y pérdida de músculo

Los datos que se presentaron son especialmente relevantes para cualquier directivo del sector. Los tratamientos con GLP-1 están demostrando una gran eficacia en la pérdida de peso, con reducciones cercanas al 17% en menos de 70 semanas. Sin embargo, el problema no está solo en cuánto peso se pierde, sino en la calidad de esa pérdida.

Una parte significativa —más de un tercio— corresponde a masa muscular. Esto introduce un riesgo claro: deterioro metabólico, pérdida de funcionalidad y aceleración de procesos como la sarcopenia. Además, cuando el tratamiento se interrumpe, gran parte del peso recuperado no es masa muscular, lo que agrava aún más el problema.

Para el sector fitness, esto cambia completamente el enfoque. Ya no se trata solo de ayudar a perder peso, sino de preservar y desarrollar masa muscular como elemento crítico de salud.

 

De la recomendación a la prescripción: el gran cambio

Uno de los mensajes más contundentes de la sesión es que el conocimiento ya existe. La evidencia científica sobre los beneficios del ejercicio está consolidada desde hace años. El problema no es la falta de conocimiento, sino la incapacidad histórica de trasladarlo a la práctica de forma estructurada.

Tradicionalmente, el sistema sanitario ha podido recomendar ejercicio, pero no prescribirlo de forma personalizada ni monitorizar sus resultados en tiempo real. Esto ha limitado enormemente su impacto.

Lo que plantea el Dr. Kampert es un cambio de paradigma: pasar de la recomendación genérica a la prescripción de ejercicio guiada, medible y personalizada, integrada en un ecosistema digital.

 

El “puente”: conectar salud, fitness y tecnología

La idea central de la ponencia se articula alrededor de un concepto muy claro: construir un “puente” entre el mundo clínico y el mundo del fitness.

Ese puente se construye sobre varios pilares. En primer lugar, la comunidad. No basta con tener conocimiento o tecnología; es imprescindible que existan espacios accesibles donde las personas puedan entrenar, cerca de donde viven, trabajan y desarrollan su vida.

En segundo lugar, la colaboración entre profesionales sanitarios y profesionales del ejercicio. Este es un cambio estructural: el fitness deja de ser un complemento y pasa a formar parte del proceso terapéutico.

Y, finalmente, la tecnología como elemento habilitador. Sin herramientas digitales, este modelo no escala ni se puede monitorizar de forma efectiva.

 

El nuevo modelo operativo: entrenamiento guiado y basado en datos

Uno de los aspectos más tangibles de la sesión es cómo se está implementando este modelo en la práctica clínica. El proceso comienza con la validación médica del paciente, seguido de una evaluación completa que incluye composición corporal, capacidad cardiorrespiratoria y fuerza máxima en diferentes grupos musculares.

A partir de ahí, se construye una prescripción de ejercicio totalmente personalizada que se integra en plataformas digitales. El usuario no solo recibe un programa, sino que es guiado en tiempo real durante su entrenamiento, con feedback visual y seguimiento continuo.

Esto resuelve uno de los grandes problemas históricos del sector: no solo decirle al usuario qué hacer, sino darle las herramientas para hacerlo correctamente.

 

El verdadero gap: ejecución, no conocimiento

Una de las afirmaciones más relevantes de la ponencia es que el gap actual no es de conocimiento, sino de ejecución. Sabemos qué funciona, pero no hemos sido capaces de implementarlo de forma sistemática y escalable.

Aquí es donde el fitness tiene una oportunidad única. Los clubes, estudios y operadores pueden convertirse en el entorno donde ese conocimiento se convierte en acción real, siempre que sean capaces de integrar:

  • evaluación
  •  personalización
  •  tecnología
  •  seguimiento

 

Implicaciones estratégicas para operadores fitness

Para gestores y directivos, esta ponencia abre una línea de reflexión clara. La irrupción de los GLP-1 no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para redefinir el posicionamiento del sector.

En primer lugar, obliga a evolucionar la propuesta de valor. El foco ya no puede estar únicamente en la pérdida de peso, sino en resultados funcionales: fuerza, masa muscular, capacidad metabólica y calidad de vida.

En segundo lugar, impulsa la necesidad de trabajar con datos. La personalización ya no puede basarse solo en la experiencia del entrenador, sino en mediciones objetivas y seguimiento continuo.

En tercer lugar, refuerza la importancia de la integración con el sistema sanitario. Los operadores que consigan posicionarse como partners en salud tendrán una ventaja competitiva clara en los próximos años.

La principal conclusión de esta sesión es que el sector fitness tiene la oportunidad de ocupar un espacio mucho más relevante en el ámbito de la salud.

Los tratamientos con GLP-1 están poniendo de manifiesto una realidad: perder peso no es suficiente si se pierde músculo en el proceso. Y ahí el ejercicio, especialmente el entrenamiento de fuerza, se convierte en una pieza imprescindible.

Para los operadores, esto implica evolucionar desde un modelo basado en acceso y actividad hacia uno basado en resultados, integración y personalización.

La idea final es clara: el futuro del fitness no está solo en entrenar mejor, sino en convertirse en un agente activo dentro del sistema de salud, capaz de mejorar resultados clínicos de forma medible y sostenible.

Por Jorge Rosales

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