En la Feria de Rimini Wellness de este año tuvo lugar una de las conversaciones más relevantes del evento sobre el futuro de la industria fitness y wellness. La mesa redonda, moderada por Natalia Karbasova, reunió a Emma Barry —estratega internacional especializada en marcas de fitness, wellness y lifestyle— y a Jörg Fockenberg, VP Strategy, Expansion & Franchising de RSG Group.
La conversación giró en torno a que el fitness está viviendo una transformación profunda. Ya no se trata únicamente de entrenamiento o pérdida de peso. La industria se está desplazando hacia conceptos mucho más amplios relacionados con salud preventiva, bienestar emocional, identidad y comunidad.
Uno de los temas principales fue la polarización del mercado. Según los ponentes, hoy el sector está creciendo especialmente en dos extremos muy definidos. Por un lado, los operadores low cost, extremadamente eficientes y accesibles. Por otro, las marcas premium que están construyendo auténticas experiencias de lifestyle alrededor del bienestar. El espacio más complicado es el punto intermedio: aquellos operadores generalistas sin una propuesta claramente diferenciada.
Jörg Fockenberg insistió en que las marcas necesitan una identidad mucho más precisa si quieren seguir siendo relevantes. En un mercado cada vez más competitivo, ya no basta con “tener un gimnasio”. Las personas quieren entender rápidamente qué representa una marca, qué experiencia ofrece y por qué deberían formar parte de ella.
Emma Barry llevó esta reflexión todavía más lejos al hablar de la importancia de la conexión emocional. Según explicó, los usuarios no permanecen en un club por las máquinas o por el equipamiento. Permanecen porque desarrollan un vínculo con el entorno, con las personas y con el estilo de vida que ese espacio representa.
Por eso muchas marcas premium están evolucionando hacia modelos mucho más inmersivos, incorporando recovery zones, spas, cafeterías, social spaces y experiencias que invitan al usuario a quedarse más tiempo dentro del club. La idea ya no es únicamente entrenar y marcharse. El objetivo es construir lugares donde las personas quieran pasar parte de su vida.
De hecho, Barry comparó esta tendencia con los antiguos baños romanos: espacios donde bienestar, socialización, networking y cuidado personal convivían en un mismo entorno. Una idea que, según explicó, está regresando con fuerza en el wellness contemporáneo.
Otro de los grandes ejes de la conversación fue el crecimiento de la salud preventiva y el boom del recovery y la longevidad. Especialmente en Estados Unidos, los consumidores están empezando a invertir más en vivir mejor y durante más tiempo que simplemente en “ponerse en forma”. Conceptos como cold exposure, health tracking, testing genético o cognitive wellness están entrando con rapidez en el mainstream wellness.
También hubo espacio para hablar del fenómeno hybrid fitness y del crecimiento de formatos como HYROX. Para los ponentes, este tipo de experiencias funcionan porque combinan entrenamiento, reto personal, comunidad y ocio. Las personas ya no buscan únicamente hacer ejercicio; buscan compartir experiencias, viajar, competir y conectar socialmente alrededor del fitness.
La conversación se volvió especialmente interesante al abordar el impacto de los medicamentos GLP-1 para pérdida de peso. Emma Barry defendió que estos tratamientos no representan una amenaza para la industria fitness, sino una posible puerta de entrada hacia hábitos más saludables. Sin embargo, insistió en que existe un riesgo importante si no se acompañan de entrenamiento de fuerza y una correcta nutrición, ya que muchos usuarios pueden perder masa muscular y salud metabólica.
En este contexto, ambos ponentes coincidieron en que los gimnasios tienen una enorme oportunidad, pero también una responsabilidad: convertirse en espacios mucho más acogedores para personas que históricamente nunca se habían sentido cómodas dentro de un club fitness.
La mesa también dejó reflexiones muy interesantes sobre las diferencias culturales entre Europa y Estados Unidos. Mientras el mercado americano evoluciona hacia modelos más rápidos y altamente comercializados, Europa todavía conserva una visión más social y humana del bienestar. Jörg destacó, por ejemplo, cómo la cultura de sauna en Alemania sigue siendo una parte esencial de la experiencia wellness premium.
Emma Barry lanzó incluso una advertencia al sector europeo: no perder esa dimensión humana en favor de modelos excesivamente acelerados o puramente comerciales.
El futuro será para las marcas capaces de construir comunidad y definir con claridad quiénes son. Porque el fitness ya no compite únicamente por transformar cuerpos. Ahora compite por convertirse en parte de la vida de las personas.
